La noche del 4 de julio de 1969 dos jóvenes eran tiroteados en Vallejo, un condado de California, y días más tarde varios periódicos del área de San Francisco recibían copias de una carta manuscrita firmada por alguien que se hacía llamar “Zodiac”, confesando además la autoría de otro tiroteo ocurrido meses antes. Aquel sería el inicio de uno de los casos más famosos y enigmáticos en la historia criminal estadounidense: pese a confesar numerosos asesinatos más y enviar una serie de cartas amenazantes que provocaron olas de histeria ciudadana, con toques de queda incluidos, la verdadera identidad de Zodiac jamás fue descubierta.
Robert Graysmith, un antiguo caricaturista del San Francisco Chronicle obsesionado con el caso, escribió varios libros que serían la base sobre la que el guionista James Vanderbilt construiría la historia de la película que nos ocupa, filmada por David Fincher en 2007 con un resultado discreto. En taquilla no funcionó, y aunque Fincher demuestra nuevamente que es un buen cineasta y tiene buenas ideas, sus esfuerzos por dotar de ritmo a una historia que se dispersa a lo largo de más de veinte años no bastan para hacer despegar una cinta muy influenciada por dos de sus películas favoritas (La conversación y Todos los hombres del presidente), durante la cual el verdadero protagonismo no recae en Zodiac sino en Graysmith y sus obsesiones, compartidas por su compañero de redacción del Chronicle Paul Avery y por el inspector de homicidios Dave Toschi. A todos ellos el caso les marcó de por vida casi tanto como marcaría a Fincher, dolido por no haber logrado conectar con el público a través del que él considera uno de sus mejores trabajos, si bien actualmente es objeto de culto pese a sus deficiencias.